18 julio 2006

¿Obedecer a Dios o a los hombres?

Los llamaron y les intimaron que de ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. Pedro y Juan, tomando la palabra, les respondieron: Juzgad por vosotros mismos si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios.

Hechos 4, 19

Respondieron Pedro y los demás apóstoles con estas palabras: Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres.

Hechos 5, 29

Aprovecho el tema de la objeción de conciencia para retomar el interrogante descrito más arriba: ¿Hay que obedecer antes a Dios o a los hombres? Vemos en estos dos ejemplos que he puesto que para los apóstoles no cabía ninguna duda: Dios está por encima de los hombres, y sólo a Él se debe obediencia. Los apóstoles, al igual que los cristianos en todo momento histórico, incluyendo el actual, se enfrentaron con sus armas (amor, paciencia, perseverancia, verdad) a los poderes fácticos establecidos. Y no desfallecieron. Debemos recordar esas sencillas palabras: "Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres". ¿Por qué? Muy sencillo. Las leyes de los hombres deben estar basadas en su propia naturaleza, en una verdadera antropología. Deben buscar su bien verdadero y la protección de la sociedad. Sin embargo, no pocas veces dichas leyes obedecen a objetivos populistas, totalitarios, simples autoritarismos de "ordeno y mando" para imponer su propio criterio, incluso para obtener nuevos votos. Es en esos momentos en los que las leyes de los hombres entran en conflicto con las leyes de Dios, que es amor y busca únicamente el bien del hombre, su realización plena como ser humano. Y, en esos casos de conflicto, es un deber del cristiano oponerse a tales leyes con todos los medios lícitos a su alcance. Por ejemplo, la objeción de conciencia. Incluso autores como San Agustín hablan de desobediencia civil. El cristiano es fiel a Dios y no se deja engatusar por las modas culturales de cada época. El cristiano es un rebelde con causa, no un simple borrego al que manipular a base de decreto ley. Por ello, tantos gobernantes han procurado aislar y menospreciar al máximo a los cristianos, incluso intentando exterminarlos. Un mensaje de fidelidad, amor, libertad y verdad no casa demasiado bien con ciertos gobiernos.